De tanto hacer, hacemos poco

Un amigo me compartió un artículo sobre las habilidades que necesitamos en el 2026, se trataba de esos textos que uno abre con curiosidad y cierra con una ligera ansiedad, porque en la era de la sobreinformación parece que nunca terminamos de aprender.

Sin embargo, me detuve en una sola habilidad de la lista: el manejo de la atención. Y entendí que mi incomodidad no venía del artículo. Venía de reconocerme.

Hagamos una pregunta honesta. ¿Cuándo fue la última vez que nos detuvimos veinte minutos con un solo problema / tarea? Sin mirar el celular, sin preguntarle a ChatGPT, sin atender la notificación de WhatsApp., veinte minutos reales, sin escapatoria, pensando en una sola cosa, enfocados en lo que estamos.

Y aquí viene la parte paradójica (y algo vergonzosa): en el rato que llevo escribiendo esta columna, he saltado de pestaña en pestaña, respondido mensajes y revisado el correo.

Esa es la realidad de muchos de nosotros. Nos sentimos orgullosos de nuestra capacidad de hacer varias cosas a la vez pero con frecuencia veo que ese ir de pantalla en pantalla, de app en app, es exactamente lo que nos lleva a cometer errores y a no entender la instrucción que un cliente nos está dando en una videollamada. Y al no hacer, por estar en otra cosa, incluso la pregunta que habría aclarado todo y evitado semanas de retrocesos en la ejecución de un proyecto, terminamos haciendo más y avanzando poco.

Lo que antes leíamos ahora apenas lo ojeamos. Reaccionamos antes de reflexionar. Compartimos noticias falsas por no detenernos a verificar quién es la fuente.Nos apresuramos a responder sin escuchar, solo nos “concentramos” en pensar lo que vamos a decir pero no en lo que nos están diciendo.

Y lo que más me inquieta, es que esta fragmentación de la atención no duele. No hay un momento en el que uno se dé cuenta. Simplemente todo se vuelve un poco más superficial, un poco más rápido, un poco menos cuidadoso. De tanto hacer, terminamos haciendo poco.

Pero no quiero que esto sea una queja más sobre cómo perdimos la concentración. Me interesa más la pregunta siguiente: ¿cómo la recuperamos? Y creo que la respuesta no está en una app ni en un fin de semana de desintoxicación digital. Se parece más a ir al gimnasio. Entrenar la atención hasta que se vuelva hábito, como quien corre o hace yoga todos los días y se levanta de la cama sin negociar consigo mismo, sin sentir que está haciendo un sacrificio.

Desde hace unas semanas, aprovechando que estoy trabajando remoto fuera del país, empecé a hacer estos ejercicios para reentrenar mi atención, tanto en asuntos profundos como en cosas tan mundanas como organizar la cocina.

  1. Treinta minutos diarios sin mirar el celular, enfocada únicamente en lo que estoy haciendo (leer un libro, responder correos, salir a caminar).
  2. Desactivar las notificaciones innecesarias, en el computador y en el teléfono. Muchas veces son nuestro mayor distractor y ni siquiera las elegimos.
  3. Estar en atención plena durante llamadas y videoconferencias, tomando notas cuidadosas de cada detalle conversado.
  4. Cuando consumo contenido digital, leer el artículo completo, hasta el final, no solo el titular o los primeros párrafos.
  5. Cada vez que tomo el celular "automáticamente", preguntarme si lo estoy haciendo por hábito, por necesidad, o por qué estoy entrando a Instagram sin pensarlo.
  6. Dejar el teléfono en otra habitación cuando trabajo en algo que exige pensar de verdad. La fuerza de voluntad pierde contra el diseño, el entorno no.
  7. Escribir a mano lo que quiero entender, no solo lo que quiero recordar. La lentitud de la mano obliga a la cabeza a detenerse.
  8. Terminar una tarea antes de empezar la siguiente, aunque sea pequeña. El costo real del multitasking no es el tiempo, es la calidad de lo que queda a medias.

Estas ocho acciones suenan sencillas, pero en esta nueva era son un verdadero reto. Y lo compruebo ahora mismo: incluso escribiendo esta columna, ya con el hábito en marcha, me desenfoqué varias veces.

Ese es el punto. No se trata de lograrlo perfectamente, sino de notar cuándo nos fuimos y volver. Una y otra vez. Como el músculo que se fortalece justo en la repetición que más cuesta.

Reflexión inspirada en "The 5 Most Important Skills to Learn in 2026", Stoic Wisdoms (abril 2026).

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